En el año 1992 la familia Martí de Tarragona vivió una situación que se hizo insostenible. Lo que comenzó con luces que se encendían y apagaban solas, continuo con objetos que se movían sin que nadie los tocase, y lo peor de todo eran los ruidos que no les permitían descansar. Cansados de todo este alboroto, decidieron visitar al parapsicólogo Ramón Gaibar, quien no consiguió ver nada, hasta el día 21 de noviembre en que la situación empeoró, hasta tal punto que los vecinos amenazaron con llamar a la policía, si no cesaban los ruidos.Ese día escucharon unos sonidos que procedían de la cocina, al entrar en ella quedaron atónitos al ver cómo la nevera salía disparada y algunos vasos caían al suelo. Al poco tiempo escucharon un fuerte ruido y se encontraron con un gran espejo roto, que se había desplazado varios metros desde su lugar original. No tuvieron ni un solo segundo de descanso, de un armario de una habitación empezaron a salir zapatos de una forma incontrolable, levitaban objetos y estallaban las bombillas. Asustados como estaban, decidieron pasar lo que restaba de noche en casa de una vecina, pero cuando se disponían a entrar en la casa escucharon un rugido terrorífico que bajaba por la escalera. Desde ese momento, al parecer cesaron todos los fenómenos, pero ¿qué o quién los provocaba? ¿Por qué pasaba? ¿Regresará otra vez este ente tan molesto? Preguntas que nadie ha podido contestar.
La señora Martí declaró para la revista AÑO CERO “Ahora sólo queremos olvidar lo ocurrido y que nos dejen en paz, no sé qué es lo que pasó esa noche, todo eran ruidos y objetos que salían disparados, pero lo cierto es que a partir de entonces ha vuelto la tranquilidad y no se ha repetido nada”.
Esperamos que así sea y que si regresa alguna vez sea un poquito más amistoso.
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